RELATOS Y CUENTOS

para todo los pueblos del mundo de la compañía científica e industrial «VMPAUTO»

El dichoso Orus y su longevo amigo

Un buen día, Stalbek, un adinerado pastor, decidió casar a su hermosa hija Jaina con el hombre más digno. Para eso, publicó en el periódico que el dichoso sería aquel que lograra llegar hasta su casa en coche. La tarea parecía que era fácil, el problema era que el pastor vivía en las montañas de Tian Shan, donde ni siquiera a caballo era posible llegar, cuanto más en uno de acero.

Y así, una docena de hombres llenos de valentía comenzaron su camino. Casi todo ellos en sus coches extranjeros modernos, y sólo uno, llamado Orus, iba en su maltratado “Toyota”. Los otros se reían de él: “¿A qué montañas vas en ese cacharro, se te estropeará por el camino”. Orus no decía nada en su respuesta porque tenía un medio secreto con el que esperaba conquistar al pastor y a su bella hija.

Pasó un día y los audaces novios continuaban en sus coches el camino; pasó una semana y comenzaron a subir por las montañas. En aquel momento, los demás caballos de acero empezaron uno tras otro a romperse: a unos no les alcanzaba la potencia, a otros el motor no respondía con tanta carga en la subida, los terceros se quedaban sin combustible o sin aceite… Sólo Orus en su “Toyota”, como si nada hubiera sucedido, continuaba su camino. Y no solo eso, una vez que llegó hasta la casa del pastor, éste ni siquiera notó la llegada de su coche silencioso.

– Ganaste! – exclamó el pastor. – Toma, te doy la mano de mi hija. Pero primero dime ¿cuál es tu secreto? ¿de dónde saca tanta fuerza tu coche?

– Simplemente, se trata de un aditivo para el motor “RESURS”, – responde Orus. – Fue eso lo que convirtió a mi amigo en un coche longevo, digno de nuestras hermosas montañas.

En ese instante salió de la casa Jaina, le echó una mirada al novio, y así, sin más preámbulos, le extiendió sus brazos.

El dichoso Orus y su longevo amigo

El dichoso Orus y su longevo amigo

La nueva vida de Manás (y de vuestro auto)

El joven Manás y una chica llamada Masha paseaban por el bulevar. Era el cumpleaños de Masha y Manás le regaló un globo grande y blanco, en el que estaba escrito con letras grandes: «MС» (que significaba Masha Cabezas) y «16» (porque cumplía 16 años).

Masha sujetaba el globo en sus manos y escuchaba a Manás; éste le contaba que cuando él terminara la escuela, ingresaría en el instituto aerocósmico y algún día construiría un aparato volador, en el cual cada uno podría volar a la Luna.

De repente, el viento atravesado le arrebató de las manos el globo a Masha y se lo llevó hacia la ancha avenida; Manás corrió detrás de él esquivando los coches que pasaban. Al fin, él agarró el globo y en ese instante, a medio metro de distancia, frenó, inesperadamente, un jeep. Masha gritó aterrorizada y Manás, aunque era un joven valiente, palideció ante la idea que no haber podido llevar a Masha a la Luna. Solo el chófer del jeep se mostraba tranquilo. Éste le dio unas palmadas en el hombro a Manás y le pronunció misteriosamente: «MС diesciséis dos ceros. ¡Gracias a eso sigues vivo, muchacho!» Luego se sentó en su jeep y se fue.

Manás y Masha se quedaron mirando la inscripción en el globo: ¿de qué manera esa escritura le salvó la vida a Manás?, ¿qué significado tienen los dos ceros? ¿puedes ser la reanudación de todo lo que ha ocurrido antes y una nueva cuenta regresiva? Solo cuando Manás llegó a su casa y buscó en internet, descubrió que la frase misteriosa «MС 1600» era un lubricante para los sistemas de frenos de los coches. Más tarde se dio cuenta de que fue lo que quiso decir el hombre del jeep…

La nueva vida de Manás (y de vuestro auto)

La nueva vida de Manás (y de vuestro auto)

El viejo sabio Ongal y su regalo intrincado

El viejo kirguiso Ongal desayunaba con su mantequilla clarificada preferida, gozando de buena salud y buen humor. Por esto decidió llamar a sus tres hijos para que le acompañaran y para compartir su alegría.

– Hijos míos, – dijo el viejo, – yo quiero hacerle a uno de ustedes un regalo. Este regalo no es nada fácil, por eso lo obtendrá solo aquél que logre resolver la adivinanza que contaré. Escuchen: «Consume grasa como yo, pero no es mantequilla. Come muchísima grasa, pero sin ninguna utilidad. Está enfermo, pero nada grave; no es necesario ingresarlo en el hospital. Solo busquen un medio que lo haga sentirse sano y lleno de fuerzas».

Los hijos se rascaron la cabeza y comenzaron a tratar de resolver el misterio de su padre. Al día siguiente el viejo llamó de nuevo a sus hijos.

– Padre, adiviné sus palabras, – tristemente dijo el hijo mayor, que era pintor. – Tu te referías al lienzo, en el cual yo ya medio año trato de pintar algo con pintura al óleo que valga la pena. Y es verdad, casi he perdido mi mente y mis fuerzas, y la única solución es dejar de pintar.

El otro hijo, que era cocinero de un restaurante, protestó:

– ¿Qué tiene que ver aquí tu pintura, cuando papá se refiere a la ensalada «sursú», que yo inventé?. Lo que pasa es que la gente no lo pide, porque no es una ensalada «saludable»: yo le añado aceite vegetal refinado y debía usar no refinado.

Le llegó el turno al hijo menor.

– Padre, – dijo, – Tu te refieres a tu coche, que consume insaciablemente aceite, y de tan poca fuerza que ni siquiera sube a la loma. Se le puede hacer una reparación a fondo, pero para qué, si existe el aditivo para motores RESURS, que reduce el consumo de aceite…

Al oir esto, el viejo Ongal se alegró, ya que su “Mazda” desde ahora estaba en manos seguras ¡y al cuidado de su hijo menor!

El viejo sabio Ongal y su regalo intrincado

El viejo sabio Ongal y su regalo intrincado

El «pajarito» de Zhenish y el placer del doctor Brown

Tres días y tres noches Zhenish no podía comer, ni dormir, ni disfrutar de la vida. Y todo porque no se le iba de la cabeza la oportunidad que había perdido. Cinco años atrás él había comprado a su “pajarito” su coche blanco “Audi”, y se sentía el más feliz del mundo. Pero ahora su “pajarito” comenzó a estornudar y a desvanecerse: su motor se desgastaba y hacía ruidos, como las piedras en las montañas cuando caen; la compresión no contestaba, había una fuga de combustible, hacía un gasto insaciable de aceite, como carnívoro devorador…

Zhenish hizos sus cálculos de cuánto le saldría la reparación a fondo de su motor, y tristemente concluyó que saldría más barato crear una máquina del tiempo que… Y entonces se le ocurrió: ¡Exactamente, la máquina del tiempo!

«!Siempre es más barato prevenir la reparación que hacerla! Con la máquina del tiempo volveré cinco años atrás y entonces diré, que le había añadido el aditivo de aceite del motor RESURS», – pensó Zhenish lleno de alegría.

Animado por sus ideas, enseguida llamó al Dr. Emmett Brown de la corporación “Regreso al Futuro”, y éste, para la ocasión, le prestó su «DeLorean». Pero, no fue tan fácil, claro está, por 100 botellas de «RESURS»…

Zhenish estuvo en el pasado y minuciosamente habló consigo mismo acerca de las propiedades y ventajas de este aditivo para el motor, y cuando volvió se sentó en su “pajarito” y pudo sentir de nuevo toda su potencia y energía.

«¡Qué bien por mí, que me he escuchado a mí mismo y todos estos años le he dado a mi coche éste increíble y magnífico RESURS!», – se exaltó Zhenish.

Y en aquel entonces el Dr. Emmett Brown contemplaba la botella con el aditivo en sus manos y susurró con admiración: «Fantástico, fantástico…»

El «pajarito» de Zhenish y el placer del doctor Brown

El «pajarito» de Zhenish y el placer del doctor Brown

Las margaritas, el gavilán y la hermosa Aichurek

A la hermosa Aichurek le gustaban muchos las flores, especialmente las margaritas, pero la desgracia era que en los alrededores donde ella vivía solo crecían flores silvestres, así que le quedaba solo soñar con sus queridas margaritas blancas. Pero un día ocurrió un milagro. Aichurek estaba paseando por los alrededores de su casa, disfrutando de los rayos serenos del sol de la tarde, cuando, al instante, del cielo, bajó un poderoso gavilán que llevaba en el pico su querida flor.

– Аh, – exclamó Аichurek.

– Si quieres, voy a venir a verte todos los días – dijo el gavilán con voz humana.

– Оh, – exclamó de nuevo la chica.

El gavilán comenzó a traerle margaritas, y la chica, con gratitud, exclamaba y suspiraba. Pero si la chica supiera cómo consiguió el ave hablar con voz humana, ella hubiese perdido por completo la razón.

Lo que pasó fue lo siguiente. Un mes antes de su primer encuentro el joven Dzholdosh bajaba de las montañas Terskey Alatau para pedir la mano de la hermosa Aichurek, quien también le respondía con los mismos sentimientos. Pero el joven se apresuró tanto para llegar hasta su amada que, en una de las curvas, a su coche no le alcanzó la suficiente distancia para frenar y Dzholdosh se cayó al abismo. Pobre, pobre joven. Si hubiese sabido que al cambiar las pastillas de freno solo tenía que haberlas lubricado con МC 1600, que hace el frenado eficaz y seguro…

Pero Dzholdosh no conocía este lubricante y se cayó al abismo, y Dios no pudo aceptar que Aichurek se quedase sola, por eso convirtió al joven en un gavilan.

Desde entonces, por la tierra se escucha el rumor sobre la amistad entre una chica hermosa y un majestuoso gavilán que le trae margaritas. Y los hombres, para no tentar a la suerte, siempre recuerdan que existe el lubricante МC 1600 para los frenos de sus coches.

Las margaritas, el gavilán y la hermosa Aichurek

Las margaritas, el gavilán y la hermosa Aichurek

Como suele ser entre las personas o dosis de RESURS para los caballeros

¡Qué curioso cuando los destinos se interceptan en otras personas y mecanismos! Por ejemplo, dos señores sentados en un bar, amistosamente, beben un exquisito vino moldavo y, en las afueras del bar, debajo del capó del auto, sentados el pistón y el cilindro saborean un estupendo cóctel de aceite de motor y aditivo RESURS.

Y pensar que varias horas atrás estos señores reñían por algún desacuerdo que surgió entre ellos y destruyeron todo el mueble del club de caballeros. A su vez, el pistón y el cilindro gastados y agotados, después de varios kilómetros recorridos, han provocado ruido y vibración en el motor.

Sin embargo ahora los señores en estado de embriaguez de nuevo encontraron un lenguaje común y han hecho las paces. También el pistón con el cilindro, gracias a las nanopartículas de RESURS, de nuevo confluyen fácilmente entre sí, ya que están bien compactados unos con el otro sin dejar espacio ninguno.

Así, los señores en el bar continuaban bebiendo su vino, se daban palmadas en los hombros y razonaban:

– RESURS para el coche es lo mismo que un elixir de vitalidad para una vaga esposa, – dice uno de ellos. – Mi auto, incluso, había momentos que no podía subir la loma, se negaba a continuar y, después de darle RESURS, es como si hubiera nacido de nuevo. Qué bueno sería tener un medio parecido para mi esposa, no cumple con su deber conyugal.

– Bueno, para mí es como un calmante para la suegra de mal genio, – afirma otro. – Sería bueno darle algo parecido a la respetada Margarita Semionovna, para que se le quitara la histeria que le entra cuando me ve. A mi coche antes de darle RESURS también le entraba la histeria; se le agotaban todos los nervios, y la semana pasada, después de pescar, olvidé la copa encima del capó, llegué a la casa, miré y: ¡ni una gota se derramó!..

En aquel instante la esposa del primer señor curiosamente leía la instrucción en la botella de RESURS, que había hallado debajo de la almohada de su marido, y la suegra del segundo señor con una botella igual corría por las farmacias tratando de encontrar un remedio igual para ella…

Como suele ser entre las personas o dosis de RESURS para los caballeros

Como suele ser entre las personas o dosis de RESURS para los caballeros

¿Quién ganó la discusión?

Discutían la crema de cacahuete y el aditivo del motor RESURS, quién de ellos le es más útil al hombre.

– Sin mí, el hombre no puede existir, – alardeaba la crema. – Un bocado rápido y simple que te llena de energía, ¡ese soy yo!

– ¡Y yo rápido y fácil lleno de energía tu coche, sin el cual el hombre no podrá ir al supermercado, para comprarte! – reclama RESURS.

En ese momento se les acercó un señor y sin preámbulos se comió la crema, llenó el motor del coche con RESURS y salió volando para verse con su amada.

Así ganó el amor.

¿Quién ganó la discusión?

¿Quién ganó la discusión?

Sorpresa para la esposa

Su esposa al llegar a casa tarde de su trabajo no creyó lo que veía: la cena preparada, la mesa servida con velas y todo.

– ¿Qué ha pasado? – le pregunta a su esposo un poco alarmada.

– Sabes, tu abrigo de piel…

– ¡Yo no tengo abrigo de piel! ¿Qué sucede?

Su esposo le muestra la botella de RESURS, mientras ella la observa detalladamente.

– Lo he comprado para nuestro coche, – le susurra el marido.

– ¡Bobo, me has asustado! – se rió la esposa. – ¡Ésta ha sido tu mejor compra en todo el año! Dame, quiero comerte a besos… Espera, ¿Qué tiene que ver aquí el abrigo de pieles?

– No tendrás ningún abrigo, – el marido le mostró la caja RESURS. – El dinero que habíamos ahorrado para el abrigo …Bueno, quiero decir, he comprado para que me dure bastante tiempo.

La esposa se puso pálida al oír eso, casi se atoró, estornudó. Y cuando volvió en sí, dijo:

– Iré a los cursos para aprender a conducir – empezaré a conducir yo misma. Y ahorraremos ahora en adelante para tu nuevo coche…

Sorpresa para la esposa

Sorpresa para la esposa

Belleza de analogías

Un día se tropezaron en el bar Danny DeVito y Leonardo Di Caprio y, bebiendo oporto, compartieron sus secretos de seducción de mujeres.

– Yo lo hago todo con elegancia e inteligencia, – dice Di Caprio. – Un buen traje, los botones de la camisa de arriba desabrochados, ojos chispeantes, sonrisa irresistible. ¡Y una de cada dos mujeres cae rendida a mis pies!

– ¡Boberías, buen traje! – responde DeVito. – Yo me pongo cualquier cosa. Pero siempre, sin falta, llevo consigo un tubito de lubricante antiadherente MC Tripoide. ¡Y todas las mujeres a mis pies!

– Mentiras, – respondió incrédulo Leonardo. – ¿MC Tripoide? ¿Quiéres decir que cada una de ellas son expertas en coches?

Y DeVito, muerto de risa:

– No, claro que no, muchas de ellas ni siquiera se han sentado ante el volante. Pero eso no es lo que importa. La belleza y la univocidad de las analogías, eso es lo que las atrae.

Y le empezó a explicar a Di Caprio las propiedades del lubricante MC Tripoide y las posibilidades de su efecto no solo en las juntas de los autos, sino también en la imaginación de la mujer.

Belleza de analogías

Belleza de analogías

Masita de pan y su amigo Cojinete

Vivían juntitos una viejita y un viejito. Y como es habitual, el viejito quiso comer masa de pan del horno. La viejita empezó a buscar y recogió los últimos granos de harina que quedaban en la despensa, amasó la harina con nata y la cocinó, la frió en aceite y la puso en la ventana a enfriar.

En la ventana estaba descansando el cojinete del tractor.

– Hola, – le hace guiños el cojinete a la masita de pan. – Bueno y qué, ¿de nuevo rodarás por el patio como la otra vez?

– Si, saldré a rodar de nuevo, – con alegría respondió la masita.

– ¿Eh, se te ha olvidado lo que te pasó la otra vez?

– Ese es mi destino, – suspiró la masita.

– No digas boberías; mejor, antes que te vayas a dar vueltas, úntate esto.

Y el cojinete le dio a la masita un tubito de grasa lubricante МC-1000.

– ¿Para qué quiero yo esa grasa? – reclamó el frívolo panecillo. – Yo ya me veo así buen mozo y guapo. La viejita ya me ha cubierto todo de mantequilla.

– Cuéntale eso mejor a la Zorra, ella estará feliz, pero conmigo no discutas, pedazo tonto de harina, – reclamó el cacharro. – ¡Toma, te digo! No te hará ningún daño, te será de utilidad. ¡Lee las propiedades que dice en el tubito!

Masita lo leyó, y se asombró, se untó de grasa y salió rodando – desde la ventana al piso, saltando, salió por la puerta al pasillo, luego al porche, y desde el patio afuera del portón.

Rodaba por la carretera y había mucho calor afuera, la presión atmosférica estaba alterada… Gracias a la presión y la alta temperatura las partículas de metal que estaban en el lubricante se convirtieron en una corteza de metal. La masita de pan rodaba fácilmente y sin ruido…

Por el camino se tropezó con la liebre corrosiva:

– ¡Eh, Masita te voy a comer!

– ¡Bueno, atrévete! Para que veas, ¡estoy cubierto de grasa anticorrosiva!

La Liebre se quedó perpleja y la masita continuó rodando por su camino.

Se tropezó luego con el Lobo soldador:

– ¡Eh, Masita, te voy soldar y luego a comer!

– ¡Bueno, atrévete! Para que veas, ¡estoy cubierto de grasa antisoldante!

El Lobo se quedó perplejo y la masita continuó rodando por su camino.

Más tarde se tropezó con el Oso atleta, quien, sin preámbulos, se le tiró encima a Masita, pero ésta ni lo sintió. Continuó su camino con el Oso a sus espaldas. La grasa lubricante que tenía untada Masita le permitía no sentir ninguna fricción de componente pesado. El Oso, muerto de asombro, saltó de la espalda de Masita y lo abandonó.

Por último, se tropezó con la Zorra astuta: ¿adónde vas?, cántame una cancioncita. Embustera, farsante. Pero cuando ésta convenció a Masita para que se le sentara en la lengua, sucedió lo siguiente: Masita saltó a la lengua de la Zorra, y ésta… ¡jam!, y se rompió los dientes. Ella no sabía que, gracias a la grasa lubricante de la que estaba untada Masita, su cuerpo estaba protegido con una corteza de metal.

Regresó Masita a su casa, vivita y coleando; agredeció a Cojinete por la grasa protectora y, de nuevo, salió rodando por el camino. Desde entonces Masita puede rodar donde y cuanto quiere: ya no le teme a nadie y nadie le podrá dañar.

¡Así es la grasa lubricante МC 1000!

Masita de pan y su amigo Cojinete

Masita de pan y su amigo Cojinete

Cenicienta y el carruaje autopropulsado

Llegó el día del baile real. La madrastra y las hermanas se fueron y Cenicienta se puso a llorar con amargura. Al instante vino su madrina, que era un hada.

– ¿Tu querías ir al baile, no es verdad? – preguntó ella.

– Es verdad, – dijo Cenicienta, sollozando.

– ¡No llores, – contestó el hada, – mejor ve al huerto y tráeme una calabaza, ¡la más grande que encuentres!

Cuando Cenicienta trajo la calabaza, el hada la tocó con su varita mágica y la calabaza se convirtió en un carruaje autopropulsado.

– Aquí tienes, – dijo el hada, – ahora ya tienes tu propio carruaje y puedes ir al palacio. ¿Satisfecha?

– ¡Sí, muy satisfecha! – dijo Cenicienta. – ¿Pero, acaso puedo ir al baile con éste viejo vestido?

El hada tocó el vestido con su varita mágica y lo convirtió en un vestido de tejido plateado y dorado.

El último regalo del hada fue un tubito de lubricante para las pastillas de freno МS-1600 y una botella de «RESURS».

– ¿Y eso? ¿para qué? – asombrada, preguntó Cenicienta.

– Unta este lubricante al freno de tu carruaje y añade RESURS en el aceite de motor, – le hizo guiños el hada. – ¡Ya verás tu misma!

El hada sentó a Cenicienta en el carruaje y le ordenó regresar a casa estrictamente antes de la medianoche, si no volvía para entonces, el carruaje de nuevo se convertiría en una calabaza, y su hermoso vestido volvería a ser el mismo trapo de antes…

¿Se imaginan cómo iba Cenicienta para el baile?, ¿cómo latía su corazón de alegría? El carruaje la hacía cada vez más feliz mientras el motor la acariciaba, susurrándole sobre el futuro… El carruaje se detuvo frente al palacio silenciosamente, sin un solo chirrido de los frenos, sin vacilación ni pestañeos …

El príncipe no se apartaba de Cenicienta ni por un minuto. Él era tan amable; le decía cosas dulces y románticas, tanto que a Cenicienta se le olvidó que tenía que volver a casa a tiempo. Se dio cuenta ya en los últimos segundos, cuando el reloj tocaba las doce. Ella salió del palacio corriendo tan rápido como un ciervo.

El príncipe también salió corriendo detrás de ella, pero no pudo alcanzarla. Solo en la escalera había un tubito de lubricante МC-1600. El príncipe cogió el tubito, se lo acercó al pecho y ordenó a los porteros averiguar si alguien sabía adónde se había ido la hermosa princesa. Pero nadie había visto a ninguna princesa, solo a una chica pobre mal vestida.

Después de varios días, el príncipe ordenó anunciar, públicamente, que aquella chica que le explicara a él para qué se usa el lubricante МC-1600, sería su esposa.

Así fue, al principio le ofrecían el lubricante a las princesas, luego a las duquesas, luego a las damas de la corte, pero todo era en vano: nadie sabía como usarlo.

Al fin el turno le llegó a las hermanas de Cenicienta.

¡Аh, cómo éstas trataban en balde comprender para qué se usaba el lubricante! Se lo untaban por aquí, se lo untaban por allá… Pero todo era en vano. Cenicienta, que enseguida reconoció su tubito, dijo:

– Yo sé para que se usa ese lubricante.

Las hermanas estallaron en un mar de risas. Pero el caballero de la corte miró a Cenicienta, notó que era muy hermosa y dijo:

– ¡Tengo órdenes del príncipe de mostrarle el lubricante a todas las damas del pueblo! ¡Hable, por favor, señorita!

– Bueno, esto es un lubricante de alta temperatura para el mantenimiento de los sistemas de freno de los carruajes autopropulsados. Facilita la movilidad en las piezas del sistema de freno, el desgaste uniforme de las pastillas y reduce la distancia de frenado. También aumenta la eficacia y seguridad del frenado y elimina el chirrido de los frenos.

Las hermanas se quedaron verdes del asombro. Pero más se sorprendieron cuando Cenicienta sacó de su bolsillo una botellita de RESURS, en la cual había dibujado un caballo de color rojo. Era el logo del fabricante.

– Y ésta es la protección segura y la restauración del motor del carruaje. Alinea la compresión, reduce el consumo de combustible, reduce los residuos de aceite y elimina el ruido causado por el desgaste.

En ese momento, se abrió la puerta y entró el hada a la sala. Tocó con su varita mágica el vestido viejo de Cenicienta, y éste se convirtió en un vestido más hermoso y elegante que el anterior.

A Cenicienta la llevaron al palacio del joven príncipe, quien la encontró más hermosa y encantadora que antes. Pero lo principal era que ella sabía donde conseguir МC-1600 y RESURS para el carruaje de la corte.

Y en unos día se casaron. La boda fue hermosa y alegre.

Cenicienta y el carruaje autopropulsado

Cenicienta y el carruaje autopropulsado

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